VISIÓN DE MUJERES
Por Berenice Cano y Velia Duarte
Morelos fue el sitio que escogió el emperador Moctezuma para su jardín botánico donde se cultivaban plantas medicinales y para descansar en lo que hoy es un balneario ejidal ubicado por el rumbo de Oaxtepec.
Cuernavaca la ciudad de las bugambilias y los coloridos tabachines también fue lugar preferido del emperador Maximiliano, por su clima y su exuberante vegetación.
El general y ex presidente de México Lázaro Cárdenas del Río tuvo una hacienda en Palmira donde pasaba temporadas, que después donó para que fuera una Escuela Normal para mujeres. El escritor Malcolm Lowry escribió aquí, su famosa novela Bajo el Volcán. Cuernavaca ha sido residencia de muchos famosos artistas, escritores y políticos.
¿Pero qué queda de esa Cuernavaca de antaño? La corrupción de muchos gobernadores ha destrozado nuestra otrora bella ciudad; por ejemplo, se han construido casas ya casi adentro de las barrancas, por donde antes corría agua limpia. Y a nombre del progreso se han edificado infinidad de plazas comerciales sin importar derrumbar añejos y frondosos árboles.
La ciudad ha crecido sin ton ni son, sin ninguna planeación, construyendo altos edificios departamentales que no van con la fisonomía de nuestra ciudad; ahí tenemos ese conjunto horrible que está en frente del Hospital General. Recuerde usted la hermosa calle de Madero, toda arbolada y ahora solo quedan unos cuantos.
La voracidad de muchos ex gobernadores no tuvo límites, la plaza de armas ha tenido muchas modificaciones según el criterio del gobierno en turno. Ahí también se podaron muchos árboles, se cambió varias veces el piso y se quitó la estatua de Morelos.
Otro gobernador que, con bombo y platillo modificó la calle de Guerrero, cuyo cambio duro poco, pues en breve tiempo se levantó el piso, unos macetones que pusieron están destruidos, las coladeras levantadas, es una calle sucia. En el centro colocó unas luminarias en el suelo de las que ya solo quedan los hoyos y unos postes que no sabemos cuál fue el propósito de ponerlos ahí. Pero como dijo aquél célebre político mexiquense “sin obras no hay sobras”.
Ni gobernadores ni presidentes municipales se han ocupado de dar mantenimiento a los pocos jardines que tenemos; por ejemplo, el Melchor Ocampo que es un jardín emblemático, donde abundan los ahuehuetes y afloran los manantiales, está abandonado. Igual que el jardín Revolución; y no se diga del jardín San Juan que se ubica en la Av. Morelos, donde era un lugar tranquilo y salían los niños a jugar, ahora está hecho como un mercado.
Y así podríamos dar muchos ejemplos, Cuernavaca está hecho un desastre ha crecido como un monstruo sin pies ni cabeza. Nadie se ha preocupado por mejorar los medios de transporte locales que parecen los de una ciudad bananera, ni de construir una central camionera, para que los autobuses foráneos ya no contaminen la ciudad y se alivie un poco el tráfico.
Nosotros ciudadanos de a pie, estamos como dormidos, no levantamos nuestra voz para protestar por la destrucción de nuestra linda ciudad que afecta el clima, cuyos estragos ya los estamos padeciendo.
Han cambiado las costumbres, ya no es la Cuernavaca tranquila que olía a flor y tierra mojada; de aquellas noches de lluvia torrenciales y la de amaneceres donde el sol salía en todo su esplendor. No es silenciosa como antaño, alegre y feliz.